Un alimento natural siempre será más saludable que uno procesado, y nada mejor que un pedazo de fruta para después de la comida o a cualquier hora del día.
Un informe de la OMS y la FAO recomienda la ingesta diaria de 400 gramos de frutas y verduras (excluyendo la papa y otros tubérculos ricos en almidón) para prevenir enfermedades crónicas. Pero, ¿cuándo es mejor comerla?
Hay distintas hipótesis sobre si es mejor consumirla antes o después de otros alimentos, y ambas posturas tienen sus argumentos sustentados en la biología del cuerpo humano. Sin embargo, cada organismo es diferente y es por eso que no se puede generalizar.
Como explica la nutrióloga española Juana María González, de la clínica Alimmenta: “Todas las personas son diferentes. Una persona que no tiene problemas de apetito, por ejemplo, puede tomar la fruta después de comer. Una persona que le gusta poco la fruta, quizá sea mejor que la coma cuando tenga más hambre, que es antes de comer. También es un buen tentempié para tomar entre horas. Cada persona debe encontrar el mejor momento en el que comerse la fruta, ya que cada dieta es personalizada”.
Los que recomiendan consumir fruta como primer alimento, antes de la comida, argumentan que estos alimentos se fermentan y si se comen como postre provocan molestias digestivas, y es por eso que es mejor comerlo antes. De acuerdo con la fundación 5xdía: “La fruta, independientemente de que se tome antes o después de las comidas, no fermenta en el estómago. El estómago no es un departamento dividido en diferentes alturas, por lo que el hecho de que la fruta se tome al final de la comida no significa que se quede en la parte superior del estómago ‘esperando’ a que se digiera la comida ingerida anteriormente y, en esa ‘espera’, fermente”.
La mejor forma de consumir las frutas para que conserven sus propiedades y nutrientes es crudas y enteras –no en jugo–. El azúcar que contienen proporciona energía, la fibra ayuda a una mejor digestión, y si a esto sumamos el aporte de vitaminas, antioxidantes y minerales ya tenemos el mejor postre que podemos conseguir.
Consumirlas en lugar de los dulces procesados son un una buena manera de hacer que a los niños les empiecen a gustar, además de que se pueden combinar con otros alimentos para hacer postres más ricos y atractivos.