Ante el cambio climático que pone en riesgo la seguridad alimentaria en el planeta, la agronomía juega un papel vital en el futuro de la humanidad.
Para empezar, debemos entender que el 33 % de las tierras cultivables del planeta están moderada o altamente degradadas, lo cual representa uno de los principales impedimentos para lograr la seguridad alimentaria y reducir el hambre. Además, gran parte de las tierras adicionales disponibles no son adecuadas para la agricultura. La incorporación de estas a la producción agrícola significaría importantes costos ambientales, sociales y económicos.
¿Qué se puede hacer ante tal panorama? De acuerdo con el más reciente informe de la FAO, “El futuro de la alimentación y la agricultura: Tendencias y desafíos”, para lograr la producción sostenible de alimentos hay que echar mano de la bioenergía y la biotecnología. Es decir, complementar “la producción de alimentos con generación de bioenergía, mediante la intensificación de la agricultura sostenible y los sistemas integrados de energía alimentaria que optimicen el uso de la tierra”. Por ejemplo, los sistemas mixtos de alimentos y de cultivos energéticos, y el uso de biomasa para la energía, como el biogás procedente del estiércol de ganado.
Las tendencias globales dificultan el futuro de la agricultura y de la agronomía, empezando por el crecimiento de la población mundial, lo que implica que la demanda agrícola sigue aumentando en un planeta que no puede crecer. Aunado a esto, el cambio climático es una realidad que está poniendo en riesgo tierras de cultivo, las aguas y, básicamente todos los recursos naturales.
No obstante, si se permite a los agrónomos aplicar las nuevas técnicas para desarrollar los cultivos se podrá hacer frente a los retos que definidos por la FAO: