Si bien es cierto que el 71% de nuestro planeta está formado por agua, el 97% de esta es salada y no sirve para el consumo humano. Por eso es que tenemos que ser muy cuidadosos con este recurso, no sólo en el uso diario de nuestra casa, sino haciendo conciencia de cuáles son los productos que requieren más agua para su producción.
La agricultura es el sector responsable del 70% de las extracciones de agua dulce y de más del 90% de su uso consuntivo, de acuerdo con la FAO. Es decir, es agua que una vez usada para el riego se pierde y ya no es posible recuperarla y todo para cultivar nuestros alimentos y la comida de los animales que consumimos. En contraparte, las extracciones de agua para uso doméstico solo representan el 10% de todos los usos y tiene una tasa de consumo muy baja. Esto significa que la mayor parte del agua de uso doméstico vuelve al medio ambiente con unas pérdidas mínimas por evaporación.
Los pronósticos indican que la demanda de productos agrícolas para satisfacer las necesidades de una población en aumento hará que en 2050 se tenga que producir un 60% más de alimentos. O sea 1 billón de toneladas de cereal y 200 millones de toneladas de carne más al año. A esto hay que sumarle que el desarrollo económico ha provocado una demanda de dietas más variadas (que incluyen carne y productos lácteos), lo cual ejerce más presión para consumir agua. Ambos factores han provocado que el uso del agua sin restricciones haya crecido a más del doble de lo que ha crecido la población mundial, lo cual ha puesto en riesgo el suministro en algunas regiones.
“La presión demográfica, el ritmo de desarrollo económico, la urbanización y la contaminación están ejerciendo una presión sin precedentes sobre un recurso renovable pero finito, sobre todo en regiones áridas y semiáridas”, indica la FAO en su informe “Afrontar la escasez de agua. Un marco de acción para la Agricultura y la seguridad alimentaria”.
Como no se puede reducir el consumo de agua para satisfacer las necesidades mínimas básicas de las personas en cuanto a salud y alimentación, la FAO ha propuesto centrar el esfuerzo de las naciones en gestionar mejor el agua que demanda la agricultura en base a tres opciones: reducir las pérdidas en el riego, aumentar la productividad del agua y reasignar el agua a los cultivos con mayor valor.
Dependiendo de cada región y país, el organismo indica que en la mayoría de los casos la mejor opción es la segunda. El agua es más productiva cuando el rendimiento de los cultivos aumenta, es decir, cuando hay más producción por unidad de tierra cultivada. Esto es posible a través del uso de material mejorado genéticamente y con biotecnología, que permita aumentar la resistencia a plagas y enfermedades, reducir la evaporación del suelo con un “crecimiento temprano vigoroso” del cultivo e incrementar la resistencia a la sequía.
Así que aunque tu consumo doméstico represente el 10% del uso que se le da al agua, la próxima vez que tengas un antojo considera ese 70% que demanda la hamburguesa, los tacos de suadero y las quesadillas de queso que no puedes dejar de comer y que consumen más agua que tú para llegar a tu mesa.