Agro-Tech 5 de junio, 2017

De acuerdo con la ONU, el 70% de los desechos generados en el mundo provienen de polímeros que tardan años en degradarse.

¿Qué es un polímero? Es la molécula de la que están formados distintos materiales de gran uso por el hombre y que se puede obtener de manera natural o sintética. Madera, almidón, celulosa, seda y cuero son ejemplos de polímeros naturales. Nailon, polietileno, baquelita y poliéster son ejemplos de polímeros sintéticos.

El plástico es uno de los principales polímeros que, convertido en desecho, da muchos problemas al medio ambiente. De hecho, el 90 % de la basura que flota en los mares es plástico. Si a esto sumamos los 1,300 millones de toneladas de alimento que se tiran anualmente en el mundo, equivalente a un tercio de lo que se produce para consumo humano de acuerdo con la FAO, el problema adquiere dimensiones preocupantes.

Esto ha hecho que un grupo de mexicanos universitarios y emprendedores se hayan dado a la tarea de buscar cómo aprovechar los desechos de comida para desarrollar polímeros que sustituyan a los sintéticos y, con ello, contribuir a combatir la contaminación.

Unicel de tamarindo

Alfredo Maciel, científico del Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM, creó una espuma biodegradable hecha a base de semilla de tamarindo que podría sustituir al polietileno expandido o unicel. Un vaso de unicel puede tardar cientos de años en biodegradarse, pero este nuevo material lo hace en tres meses, de ese tamaño la innovación.

Tomando en cuenta que México produce 39 mil toneladas de tamarindo al año, y desecha unas 12 mil toneladas de sus semillas, el panorama es alentador para este nuevo material.

Plástico de plátano

El año pasado, tres jóvenes estudiantes de bachillerato de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) crearon un plástico biodegradable con cáscaras de plátano.

Con apenas 17 y 18 años, Aranza Meza Dorantes, José Edmundo Balderas e Israel Daniel Hernández García, participaron en el London International Youth Science Forum, donde presentaron este plástico hecho con cáscara del plátano, fécula de maíz, vinagre y glicerina, que se degrada en un mes.Este proyecto está aún en fase experimental, pero sus creadores explicaron que el proceso es tan sencillo que incluso se puede hacer en casa.

Se degrada en segundos

Un grupo de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) crearon un plástico hecho a base de maíz, que se degrada frente a los ojos si se mezcla en agua.

Este polímero, creado por José Alfredo Carbajal y Víctor Hugo Reyes García en 2010, no es tóxico, puede ingerirse y se disuelve fácilmente en agua o en la tierra, donde además sirve como abono fertilizante.

El material es muy versátil, según sus creadores, ya que puede ser usado en aplicaciones como empaques, envases, autopartes y juguetes.

 Una bacteria se hace plástico

Tras años de investigaciones y pruebas, científicos del Departamento de Microbiología Molecular del Instituto de Biotecnología de la UNAM generaron poliésteres semejantes a los producidos con derivados del petróleo -pero biodegradables y biocompatibles- a partir de una bacteria llamada Azotobacter vinelandii.

Daniel Segura González y Guadalupe Espín Ocampo fueron quienes desarrollaron cepas mejoradas de la bacteria por medio de biorreactores, para diversificar las propiedades del material y aumentar su producción.

Que la leche se aproveche

Cuando se hace queso se desecha el lactosuero, altamente contaminante pues altera las propiedades del suelo y contamina el agua, reduciendo las posibilidades de vida en ella.

Investigadores de la empresa de biorefinería Xeiba Nutraingredients encontraron la manera de generar plástico biodegrabable a partir de este desecho orgánico, del que anualmente se tiran hasta 6 mil toneladas al año. Esta empresa encontró la manera de transformar el lactosuero en ácido láctico para la fabricación de ropa, cubiertos, prótesis, tornillos, agujas y plástico biodegradable.

Del hueso del aguacate

La industria aguacatera de nuestro país sólo utiliza la pulpa de esta fruta y desecha 30 mil toneladas al mes de sus huesos. Al ingeniero químico Scott Munhuía, fundador de bioplásticos Biofase, se le ocurrió comenzar a investigar con esta semilla y generar un polímero biodegradable.

A decir de su creador, esta resina es diferente a otras porque no implica cambios en el proceso de producción y tampoco necesita de maquinaria adicional. Además de que su degradación genera compuestos que no afectan al medio ambiente, como el agua y el humus.

 

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