El concepto de desertificación de la tierra comenzó a utilizarse en 1992 a nivel mundial, a propósito de las discusiones sobre el impacto ambiental de las actividades humanas. Las Naciones Unidas trabaja en iniciativas para “neutralizar” este fenómeno con la participación de empresas, gobiernos y sociedad civil.
De hecho, la Real Academia de la Lengua Española la incluyó en el diccionario como “degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas”.
Pero ¿qué es la desertificación? ¿Cómo afecta a la población? ¿Cómo neutralizarla? Aquí, las cinco claves para entenderla mejor:
1.- La desertificación es un proceso distinto a la desertización. El primero se refiere a la pérdida de fertilidad en el suelo por la intervención humana, en tanto que el crecimiento del desierto implica procesos naturales que influyen la modificación de un hábitat.
2. Es un proceso que se ha presentado especialmente en zonas secas y áridas, donde el abasto de agua es limitado. La Organización Mundial de la Salud explica que cuando se modifican estos ecosistemas, “la producción de alimentos disminuye, las fuentes de agua se secan y las poblaciones se ven forzadas a trasladarse a otras zonas más clementes”. Esto pone en riesgo la producción de alimentos y propicia la transmisión de enfermedades por falta de agua, por el polvo que genera la erosión y por la migración de poblaciones que salen de aquellas comunidades donde la tierra se ha degradado.
3.- La Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación (UNCCD) es un esfuerzo internacional para “neutralizar” el avance de este fenómeno, recuperar la riqueza del suelo y motivar iniciativas para hacer frente a la sequía.
En su discurso “La desertificación: una herida abierta de nuestro consumo”, Monique Barbut, secretaria ejecutiva de la UNCCD, hace un llamado a revalorar la riqueza de la tierra. “Purifica el agua que bebemos. Nos alimenta. Nos rodea con su belleza. Pero, no podremos satisfacer las necesidades y deseos de una población en crecimiento si la cantidad de tierra sana y productiva continúa disminuyendo tan dramáticamente”, advierte.
4. Detener la desertificación implica concientizar a la población sobre el impacto de lo que consume, pues todo lo que se produce —desde una bicicleta hasta un kilo de carne— deja una marca en el suelo. Cuidar el agua, separar los residuos y evitar el desperdicio de alimentos son medidas cotidianas que influyen de manera positiva en la reducción de esa huella.
5. Los gobiernos y las empresas contribuyen a neutralizar este proceso cuando promueven medios de producción sostenible en todos los sectores, planean de manera más eficiente el uso del suelo y destinan recursos para restaurar la tierra degradada.
REFERENCIAS
La desertificación: una herida abierta de nuestro consumo (ONU) https://news.un.org/es/story/2018/06/1436002
Fondo para la neutralidad en la degradación de las tierras (ONU) https://www.unccd.int/actions/impact-investment-fund-land-degradation-neutrality